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ATRAPADA EN EL MANICOMIO

Nellie Bly

Más conocida por el seudónimo de Nellie Bly, Elizabeth Jane Cochran fue una periodista, escritora y empresaria estadounidense. Además de ser considerada creadora del periodismo de investigación, fue pionera del periodismo encubierto.
Aunque nació en un hogar pudiente de Cochran's Mills, Pensilvania, el 5 de mayo de 1864, la suerte de Elizabeth y su familia cambió cuando cumplió los seis años, tras la muerte de su padre, el Juez Michael Cochran.

Sin posibilidad de acceder a la herencia paterna, la familia Cochran debió trasladarse a un hogar modesto en el que Elizabeth ayudó a criar a sus hermanos. Su madre, Mary Jane, contrajo segundas nupcias con un hombre que resultó ser violento y alcohólico.

Es probable que una atmósfera familiar de violencia y opresión haya fomentado el espíritu de lucha y reivindicación que siempre caracterizó a Elizabeth. Tenía apenas 18 años, cuando su primera proclama terminó por impresionar al director del periódico Pittsburgh Dispatch.

Enfurecida por un artículo sexista de reciente publicación, Elizabeth envió una carta anónima al periódico, que en respuesta publicó un aviso pidiéndole que se presentara en persona. Al día siguiente, ya en las oficinas del periódico, obtuvo su primer trabajo como periodista.

Por entonces, no era bien considerado que una mujer escribiera en un periódico. Su primer artículo fue firmado con el seudónimo de Nellie Bly, nombre con el que más tarde sería reconocida a lo largo y ancho del mundo. Las denuncias que Nellie disparó, especialmente una que dejó al descubierto la crueldad con que eran explotadas las mujeres trabajadoras, la obligaron a trasladarse a México, desde donde se desempeñó como corresponsal extranjera. Las múltiples denuncias de corrupción contra la dictadura de Porfirio Díaz terminaron valiéndole la expulsión del país. En 1887, de regreso en Estados Unidos, logró acaparar la atención de Joseph Pulitzer y se unió al prestigioso periódico New York World.

Su primer trabajo fue investigar las denuncias de brutalidad entorno a un manicomio de mujeres. Después de fingir demencia, logró ser internada durante diez días, tiempo que le bastó para recopilar datos espeluznantes que dieron inicio a una investigación judicial.

El revolucionario estilo de Nellie fue reconocido por el mundo periodístico y la catapultó como reportera de investigación, hasta mediados de 1888, cuando desafió a las autoridades del New York World. Los ejecutivos del periódico habían decidido enviar a un hombre a dar la vuelta al mundo en 80 días. Nellie, enfurecida, aseguró que cubriría el mismo periplo, para otro periódico, en menos días, si no le daban el trabajo. Nellie Bly dio la vuelta al mundo en 72 días. Los artículos que escribió durante su travesía despertaron ansiedad e interés en todo el público. A su regreso, fue recibida con honores, desfiles y ovaciones multitudinarias. Hacia 1893, los artículos de Nellie abarcaban múltiples aristas sobre temas relacionados con la injusticia social y los derechos de la mujer. Sus historias, que se vendían muy bien, aumentaron la conciencia pública sobre diversas problemáticas sociales.

Después de exponer la corrupción imperante en la relación de los sectores público y privado, la ciudadanía comenzó a exigir una serie de reformas. Además, por aquella época, dio a conocer la lucha de las madres solteras y fue erigida como portavoz de la mujer.

En 1895, después de casarse con Robert Livingston, un empresario millonario, Nellie abandonó su carrera periodística. Diez años más tarde, tras de enviudar, se puso al frente de la compañía e instauró una serie de cambios radicales en las relaciones laborales.

Además de eliminar el trabajo a destajo, construyó un centro recreativo, clubes de caza y pesca y una biblioteca para los empleados. Aunque sus reformas resultaron revolucionarias, una mala administración financiera arruinó a la compañía.
Tras viajar a Inglaterra, en 1914, Nellie regresó al periodismo para cubrir los sucesos de la Primera Guerra Mundial. Así lo hizo, hasta 1919, cuando la noticia de su madre enferma la obligó a viajar a Estados Unidos. Continuó escribiendo para el New York Evening Journal, hasta 1922, cuando una severa neumonía puso fin a sus días. La prensa entera cubrió la noticia sobre su muerte con extensos artículos necrológicos que supieron reconocer su inestimable trabajo periodístico.